Casa M
Curadores residentes Casa M: Mauricio Marcin
__ 170 dias Atrás
Entre os dias 24 e 30 de setembro de 2011, Mauricio Marcin (Cidade do México), curador do Clauselito no Museu da Cidade do México, participou do Programa de Residências da Casa M, que ao longo do ano convidou quatro curadores da América Latina a passar uma semana em Porto Alegre, visitando ateliês locais e ativando a programação do espaço. Confira abaixo o relato dessa experiência, nas palavras de Mauricio.
Texto por Fernanda Albuquerque
Desde hace unos pocos meses he tomado fotografías de libros. Los libros son con seguridad el objeto que más me apasiona. Objeto de conocimiento y extensión de la memoria y de la imaginación.
Me apasiona también la www. Creo que no es un objeto.
La red de las once de la mañana con once minutos del día once de marzo de dos mil once, no es la misma red que la de las once de la mañana con doce minutos del día once de marzo de dos mil once. La red cambia. Un libro no cambia. Cambia el lector, ciertamente, pero el libro no muda. La tinta tiene un necio romance con la fijeza. Intenta vanamente detener el tiempo.
Muchas bibliotecas en todo el mundo han dispuesto sus catálogos en internet. A veces los libros se pueden ver parcialmente, en imágenes. Pocas veces los libros pueden descargarse por completo.
La materialidad de los libros difiere con la inmaterialidad de la red. Hay libros que pueden convertirse a ceros y unos y que no pierden absolutamente nada, verbigracia, El Quijote. Hay otros libros que no pueden ser aprehendidos por una imagen, o sólo falsamente o parcialmente o erróneamente, etcétera. Esos libros son aprehendidos en la realidad, pero ¿qué es la realidad? Ni idea.
Esos libros se tocan y se ven y tienen una dimensión en el espacio y tienen volumen. Las Meninas de Velázquez no son un libro y por eso no es lo mismo verlas impresas en un libro o una revista que ver la pintura y detenerse, de pie, frente a la pintura. Con ciertos libros sucede lo mismo: no es igual ver una imagen de ese libro, o una sucesión de imágenes de ese libro, que leer ese libro, o ver ese libro, o sostener ese libro. Un libro de dos metros por dos metros, en una pantalla de veinte centímetros solo se puede ver a escala (y aquí se nota la distorsión que sufre al cambiar de medio, es decir del papel a la pantalla). Otro ejemplo de un libro que no puede ser digitalizado: un libro de plomo.
Pienso en las distorsiones que sufren algunos libros al convertirse en imagen. Me gusta tomar fotografías de las imágenes de los libros en los catálogos de internet. A veces sólo fotografío la portada del libro. A veces, tomo imágenes de sus páginas, así:

Veo libros y leo libros para no aburrirme. Cuando un libro me aburre busco otro que me produzca placer. Juzgo algunos libros mejores que otros. Supongo que hay mejores libros que otros, pero ¿cómo saberlo? Pues leyéndolos. Una vez oí decir que cuando se lee no se pierde el tiempo. Yo, me permito dudarlo. Hay unos libros que son una pérdida de tiempo. Mientras antes se detecte mejor. Algunas veces hay que dudar. Y dejarse guiar por la intuición. Otra vez oí: si leer no sirve para ser más reales, entonces para qué demonios sirve. Da para pensar. ¿Reales?
He tomado muchas fotografías, cerca de mil, de los catálogos electrónicos de las bibliotecas. No encuentro ningún mérito en ello. Es una operación bastante mecánica. La selección de los libros que fotografío, por el contrario, no es mecánica. ¿Por qué los fotografío? No lo sé.
En algún momento creí que tomaba fotos de libros porque no podía comprarlos para mi biblioteca, porque quería volver a consultarlos y la fotografía me permitía hacerlo, aunque fuera parcialmente. Así:

Hubiera podido fotografiar cada página pero ya se sabe, el tiempo. Por otro lado, no me interesaban todas las páginas del libro. Tomaba fotos de fragmentos que me interesaban, o me atraían. Una fotografía de una frase, o una imagen de un libro de arquitectura, o un dibujo de un catálogo de orquídeas, etcétera. He ido componiendo un acervo de imágenes de libros e impresos. Está todo hecho un desorden. Por ahora.
He pensado utilizar estas fotografías e imágenes para hacer un libro. No lo he hecho aún.
Fui convidado a una residencia (este texto es un relato sobre ello) en la octava Bienal del Mercosul. Realizamos una oficina de dos días titulada Diez días y quinientas noches (Puerto Alegre). El taller sucedió en la Casa M, una alargada propiedad de principios del siglo pasado, recién reformada, que forma parte de los diversos componentes de la Bienal.

La idea fundamental del taller consistió en realizar colectivamente un libro (o varios libros). Se invitó a los participantes inscritos en el taller a que llevaran sus libros favoritos, folletos, catálogos, etcétera. Estos impresos constituían la materia prima para las ediciones. El primer día platicamos sobre los libros que cada quien llevó. Las palabras que cada quien usó para hablar sobre los libros no las puedo repetir. Hay cosas que no pueden contarse.
El segundo día utilizamos esos libros y una fotocopiadora para hacer impresiones. En cierto modo hicimos una editorial que tuvo seis horas de vida, más o menos.
Los libros que hicimos permanecen en la Casa M que va a desaparecer. Imagino al polvo cubriendo un cadáver.
La residencia en Porto Alegre duraba 10 días. Me quedé cerca de 50 noches. Conocí los estudios de artistas, catedráticos, los escritorios y las bibliotecas de bibliófilos, como el señor João que conduce destartalada una librería de viejo, recita a Machado de Assis de memoria y organiza saraus poéticos algunas noches en las que se canta samba con olor a asilo. Una hermosura.
Durante todos los días, o casi todos los días, eventos organizados por la Bienal: pláticas, proyecciones, teatro, lecturas, talleres, visitas guiadas, exposiciones, una ola grande. El mercado central inmóvil. Andamios excesivos restauran la decadencia.
En Porto Alegre hay un malentendido. A la desembocadura del río inmenso le llaman mar. A un lago sin olas le llaman mar. No tiene demasiada importancia, es así.
Algo verdaderamente importante en Porto Alegre es el Tuti, un bar diminuto, que se prolonga por las escaleras de un viaducto. Sirven cerveza y cachaça. La gente se ríe y llora y algunos se emborrachan. Escuché a un científico decir que el funcionamiento químico de una crianza de tres meses es parecido al de un joven de 22 en éxtasis y dos expresos. En el Tuti algunos parecen tener 7 años. Un argentino que sirve tras la barra parece tener 500. La vida es un desmoronamiento rápido y lento.
Una hoja carta pegada en una de las paredes del bar registra el incremento de los precios del transporte público:
2003 – 1.50
2004 – 1.70
2005 – 1.90
2006 – 2.00
2007 – 2.10
2008 – 2.30
2009 – 2.40
2010 – 2.60
2011 – 2.70
La gente se va de las escaleras. Guy recoge los cascos de cerveza. Pienso: el Tuti es un hoyo del que nadie puede salir. Volteo alrededor y no hay nadie, ni Guy.
Para no terminar así, una última escena. Un café de mañana en donde todo es bañado por una luz blanca. Pastel cubierto de blanco betún, un mantel blanco, sillas blancas, muros de concreto pintado de blanco, once tipos de nieve esquimal, dulces de blanco coco rayado, leche. Hay cosas invisibles (pienso entre tanta blancura). Miro las cortinas y tras ellas la ventana.
A vuelapluma (algunas visitas)
En una calle cercana al río o al mar, cerca del mercado central hay un edificio verde y feo. Uno de sus pisos está ocupado por la oficina de la fundación Vera Chaves Barcellos. Alguien me recomendó ir a la fundación, visitar el archivo. Algunas personas como C. y F. que trabajan en la Bienal y en la Casa M me ayudaron a hacer una cita, a entrar en contacto, me sugirieron muchos lugares y artistas para conocer. Por supuesto no me dio tiempo de hacer todo lo que sugerían. Hubiera querido (mando un saludo gente querida). No conocí una antigua casa con un amplio jardín. Un terreno extenso y justo, cubierto por grana y pasto. Un carrusel y focos de colores.
Vi las pinturas aeropostales de Eugenio Dittborn detenidas en un banco. En los muros de un banco español. Paréntesis.
Bueno, entré en la fundación Vera Chaves y vi tres grandes libreros. Dos de ellos con cajas de plástico, otro con libros. Más o menos 60 metros lineales de cajas, o 700 cúbicos. Sobre una mesa cuadrada y grande, libros y catálogos amontonados que esperan clasificación para no perderse en el desorden. Les eché un ojo sin tocar ni uno. Una joven mujer ordena el archivo, estudia poéticas visuales en Porto Alegre y trabaja unas horas a la semana catalogando el archivo de la Fundación. Nos presentamos y me dijo: “fica à vontade”, que podría traducirse como, siéntete en voluntad. Platicamos y me mostró un catálogo de una edición de la Bienal de São Paulo como de 1980. Reconocí a muchos artistas que tuvieron relación con el artecorreo. Un catálogo compuesto por dos volúmenes, cada uno de ellos se cierra con un cordón al que se le hace un nudo. Extraño. No quise detenerme en ellos más tiempo.
J. me fue pasando cajas, señaló un escritorio y me dio una silla. Me dijo: En esta caja hay algo de Ulises Carrión, de Paulo Bruscky y otras cosas. Destapé la caja. Estaba llena de sobres. Sobre cada sobre una etiqueta que explicaba su clasificación y contenido. Etiquetas con fechas y nombres y títulos de exposiciones.
Abrí un sobre que decía: Espacio N.O.
Un espacio creado por el grupo Nervio Óptico, “un núcleo de arte experimental en el sur del país. Centro Alternativo de Cultura, abrió sus puertas el primero de octubre de 1979, procurando dar forma a la idea madurada durante meses por un pequeño grupo.” (tomado de un catálogo de nombre ESPAÇO N.O.).
El espacio cerró en 1982. Vi una lista de las exposiciones o eventos que sucedieron en N.O. Me llamó la atención una exposición titulada ULISES CARRIÓN BIBLIOGRAFÍA PARCIAL en 1980 en la que se expusieron libros del artista. Busqué información sobre la expo y encontré una correspondencia entre Vera Chaves y Ulises Carrión. ¿Por qué están aquí estas cartas?, pregunté a J.
J. respondió: para que puedan ser leídas.
Una carta dice (SIC):
“al espacio NO
de sol a sol; más allá del mar
Estuve en Ámsterdam, en casa de ULISSES CARRIÓN. Fue óptimo.
Conocí other books and so, EN SU NUEVA DIRECCIÓN.
Bueno, es lo siguiente:
Hablé mucho con Ulisses en los últimos días, sobre trabajo/ principalmente su trabajo y sobre qué es other books etc…
ULISSES CARRIÓN, topa exponer en el espacio NO algunos trabajos de sellos, trabajos pequeños, sería muy bueno!
Entonces escribo p/ver si sería posible y cuando, las fechas y el mes y propongo 1 contacto directo del NO con Ulisses Carrión invitándolo para exponer y diciéndole día en fin lo que se relaciona con su posible muestra en POA/NO.
Decidan en ASAMBLEA. Cariño Karin.”
Karin es Karin Lambrecht.
La asamblea decidió realizar una expo de Carrión y por carta le pidieron que enviara sus obras. Me imagino cómo organizaban expos por medio del correo, lentas cartas sobre el océano, sobre un barco o un avión que cruza el océano.
Ulises les envió algunas obras y algunos libros y una carta en la que describe el envío:
“Querida Vera,
Gracias por tu carta, y la confirmación de mi exposición.
Te mando en un paquete recomendado mis trabajos. Como
verás (y como te había dicho en mi otra carta), son 6 libros
y un periódico. Por favor, incluye las cubiertas de los libros
en la exposición. No es necesario enmarcar nada, claro. Pero
sí usa sobres de plástico para proteger el papel y para
que no sean perforadas las páginas al ponerlas en la pared.
Por favor regrésame el material después de terminada la
exposición, pues todo este material lo llevaré a Islandia,
donde también haré una exposición. Para facilitar las cosas,
he enumerado todas las páginas en la parte posterior…”
Este es el cartel del evento:

Cortesia Fundação Vera Chaves Barcellos
Ossshhh. No se alcanza a leer la bio-bibliografía de Ulises Carrión. Bueno, ni modo. Luego Vera Chaves conoció a Ulises en un viaje a Ámsterdam y conoció también la librería-archivo-estudio que Ulises administraba.

Cortesia Fundação Vera Chaves Barcellos
Luego pregunté por información sobre una muestra en 1981 de 10 parangolés de Helio Oiticica. Luego sobre una exposición titulada GEROX, colectiva de 17 artistas paulistas que utilizaron una fotocopiadora para producir obras. Otra similar se llamó ARTE XEROX DE PORTO ALEGRE, una expo colectiva de los once artistas asociados al Nervio Óptico. Y otra XEROX A COLORES DE NUEVA YORK.
Se acabó el tiempo. Hubiera querido regresar a la fundación y no lo hice. Pienso ahora en las cajas y en los libreros y en los sobres. (www.fvcb.com.br)
A las dos de la tarde Maria Lucia Cattani llegaba a su casa en un carro blanco. Yo estaba de pié al lado de su estacionamiento. Hacía mucho calor y tenía la boca seca. No pude hablar. María Lucia me invitó a pasar a su casa. Un lugar apacible. La seguí por una escalera estrecha que condujo a una sala que pasamos de largo hasta llegar a la cocina. Destapó dos cervezas y comenzó a hablar sobre Porto Alegre y el calor del verano (aunque era primavera) siempre con una sonrisa en la cara. Salimos a un jardín sombreado por un alto hule y una palmera. Unas abejas, cientos, volaban a unos metros de distancia. Maria me dijo que no eran agresivas, me mostró el panal y nos quedamos en silencio mirándolas por algunos minutos. Cuando dos personas pueden estar juntas en silencio son amigas, recuerdo que leí en algún lugar. Le pregunté por el jardín botánico de Porto Alegre. Ella me mostró su estudio y en especial unos libros que había hecho en los últimos años.
Antes de visitarla revisé su página de internet. En ella su trabajo está dividido en dos dimensiones, tres dimensiones y cuatro dimensiones. Hice click en la cuarta dimensión inmediatamente.
Comenzó un video de nombre freeze bees. Pensé que la cuarta dimensión es el tiempo detenido. Un video de un minuto y nueve segundos que registra la muerte de unas abejas. ¿Serán estas mismas abejas? Imposible.
María pinta en las paredes de su estudio, directamente. Hace grabado y edita libros. Recuerdo su jardín. Otro jardín de tiempo. Nuestra cita fue muy rápida, creo. (www.marialuciacattani.com)
Vuelvo al café blanco de la mañana. Es el estudio de Elida Tessler. Alrededor de la mesa con manteles blancos están sentados ocho estudiantes. Elida me presenta y no logro recordar sus nombres. Veo sus caras desconocidas. Una mujer me explica que el desayuno fue organizado por ella. La mujer había soñado con un lugar absolutamente blanco, o con un desayuno en donde toda la comida fuera blanca o algo así. Ella tomaba notas y los otros estudiantes escribían crónicas o pensamientos sobre el concepto blanco y leían en voz alta. Cada uno de los estudiantes desarrollaba trabajos o investigaciones en el programa de pos-graduación en artes visuales en la Universidad Federal de Rio Grande del Sur, del cual Elida Tessler es maestra. Las clases, a veces, mudan del aula al estudio de la profesora. (http://elidatessler.com/)
Los estudiantes me explicaron brevemente sus tesis y descubrí con agrado que están relacionadas íntimamente a los libros. Sus estudios tienen vastas referencias bibliográficas. Apunté muchos de los títulos que mencionaron.
Elida me mostró su trabajo, me contó sobre la Universidad, me contó de una exposición que hizo en la ciudad de México en Aldaba Arte (desaparecida). Tomé algunas imágenes de su biblioteca y de sus libros y me fui tras agradecerle.
Mauricio Marcín.
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